Wednesday, June 10, 2009

Musulmanes en Medellín: un margen de la identidad

    Wednesday, June 10, 2009   No comments

Ari Iaccarino

El titulo del artículo parece muy claro, pero el impacto que tiene el Islam sobre los colombianos es menos obvio. De hecho, mucha gente no sabe de la vida en Colombia aparte de la reputación y relación que tiene con cocaína, secuestros, y Gabriel García Márquez. Este ensayo, por otro lado, incluye las observaciones y comparaciones personales entre colombianos convencionales y algunos aspectos de la cultura Islam o musulmán que ha influido en un país tradicionalmente católico. Lo que viene continuación, es mi viaje personal como un “gringo” que intenta aprender sobre Islam en Colombia; mientras conoce más sobre dicho país a través de la comunidad musulmana.

Abdullah ben Sadiq

En septiembre de 2008, un amigo que es profesor en la Universidad de Iowa, Ahmed Souaiaia, me preguntó si yo sabía de algunas comunidades musulmanas en Colombia, porque yo planeaba estudiar en el país. Busqué en Google para ver, y encontré el Centro Cultural Islámico Medellín, Mezquita de Medellín. No miré el sitio por mucho tiempo, hasta cinco meses después en febrero cuando estuve en la ciudad. Mi novia envió un correo electrónico al director, Julio César Cárdenas Arenas (o Abdullah ben Sadiq, su nombre islámico), a quien conocí en un centro comercial.

Abdullah se veía diferente que la mayoría de los colombianos porque tenía una barba, y él podía distinguirme porque yo estaba llevando shorts (muchos colombianos no tienen una barba sin un bigote, y solamente los gringos llevan shorts en Medellín). Él nació como paisa (una persona que vive en el interior del departamento de Antioquia), y creció en una familia católica. Durante su educación en la Universidad de Antioquia, ganó una beca para viajar a Sevilla – España, porque estaba estudiando lenguajes semíticos, y en el proceso formó una conexión con unos miembros de la comunidad musulmana. Abdullah se graduó con un título en Filosofía, y está estudiando una maestría en Teología en la Universidad Pontificia Bolivariana.

Abdullah y Yo hablamos por dos horas sobre una plétora de temas relacionados a Islam, religión, política, y su propia transición a Islam. Le pregunté por qué optó por el Islam. Él sonrió y dijo: “Lo sientes en tu corazón. Lo sentí, y supe que era cierto, y por eso me convertí en musulmán”. También le pregunté sobre su posición sobre el conflicto israelí – palestino. No me dijo explícitamente su opinión, pero mencionó “Si tú ves que algo malo pasa, eres responsable para ponerle fin a esto con tus manos. Si no puedes hacerlo con tus manos, usa tu lengua y habla. Si no puedes hacer eso, usa todo de tu corazón y reza. Me preocupo sobre mis hermanos y hermanas en Palestina, pero tenemos nuestros problemas en Colombia también. Por eso, rezo para que todo esté bien en Palestina, pero participo para mejorar a Colombia”. Cuando nos tuvimos que ir, Abdullah me invitó a las clases de árabe y estudia el Islam cada sábado en la mezquita. Le dije que probablemente no iría a las clases de árabe, pero sin duda asistiría a la otra clase.

Clase

El 14 de marzo fui a la mezquita por primera vez a la clase de Islam. Está ubicada en un edificio rojo en el segundo piso, en un barrio tranquilo se llama Belén. Había siete colombianos, la mayoría eran mujeres y Abdullah. Quitamos nuestros zapatos, las mujeres cubrieron sus cabezas, y nos sentamos en el suelo. Abdullah nos enseñó con un portátil y nos mostró los lugares geográficos donde Islam es más prominente, y la historia del profeta Muhammad. Gran parte de la discusión estuvo llena de preguntas de colombianos entusiastas, a veces demasiado.

Una pregunta desencadenó una discusión sobre la violencia en Islam, pero específicamente se trataba sobre los rebeldes islámicos en el medio oriente. Abdullah dio un ejemplo de cómo la prensa occidental y otras fuentes conceptualizaban Islam y lo relacionaban con la creación de asociaciones constantes de grupos armados. “Estamos enseñados a que hay un separación entre “la iglesia y el estado”, pero Álvaro Uribe [el presidente de Colombia] ha invocado el nombre de Jesús y la virgen María durante sus discursos, pero nadie dice que su régimen “católico” es responsable de cuatro-millones de personas desplazadas por la guerra” (lo más en el mundo).[1] “Nadie dice que las FARC [las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, el grupo armado izquierdista en el país], son rebeldes católicos extremistas, aunque la mayoría son campesinos católicos desfavorecidos. Nadie menciona que las AUC [Autodefensas Unidas de Colombia, el grupo paramilitar más prominente en Colombia], están compuestas por católicos ultra-conservadores, quienes matan a los homosexuales y prostitutas en el nombre de los buenos valores católicos. ¿Y por qué los grupos luchan? Los derechos territoriales (o toma del poder), y la influencia política. Nadie dice que estas grupos son católicas extremistas. Así, aunque no es lo mismo, se puede decir que el Catolicismo es una religión violenta representada por los grupos armados que en su gran mayoría, son católicos. Resulta muy fácil relacionar a una religión, o Islam en el medio oriente, con los grupos armados”. Abdullah terminó la clase, y todos continuaban digiriendo el nuevo concepto de manipulación religiosa occidental.

Fui a la mezquita el sábado siguiente a una clase más grande. También había un grupo de hombres pakistaní que estaban rezando y cocinando, la gran mayoría no hablaban español. Ellos estaban dedicando un año de sus vidas para viajar en Sur America con el fin de enseñar Islam, y usaron su propio dinero para este proceso. Me presenté, y conocí a un hombre llamado Azhar. Originalmente de Pakistán, se mudó a los EEUU y vivía en Boston. Ahora, Azhar vive en Medellín con su esposa colombiana y su hija, y es el dueño de una franquicia Shell Oil.

Poco después, empezamos la clase que básicamente incluyó una explicación del significado y valor del Islam hecho por un hombre de Pakistán. El proceso auditivo involucraba tres lenguas: urdu, a inglés a español. El hombre pakistaní no hablaba inglés ni español, así que Azhar tuvo que traducir a inglés, sin embargo éste no hablaba español muy bien, y por eso Abdullah tuvo que traducir de inglés a español para la clase. Las palabras más impresionantes que oí fue “La mejor cosa que Allah creó en el humano fue el intelecto.” Yo estudié en una escuela católica por diez años, y nunca oí alguien poner énfasis en la pensamiento humano en una religión. Pero la cosa que le sorprendió a muchos de los estudiantes fue el momento apasionado que experimentaba Azhar. Él empezó a explicar la importancia de la cooperación interreligiosa y respeto, “Porque somos seres humanos antes que ser musulmanes.” Su voz empezó temblar, y continuó con que el Islam nos dirige a una buena vida y una existencia espiritual satisfactoria. Las lágrimas cayeron, y Azhar dijo: “Cuando encuentras ese vínculo espiritual contigo mismo y el creador, es increíblemente bonito. Es tan bonito que nunca podría expresarlo completamente a través de palabras. Después mi novia me dijo – que casi llora también -: “Nunca he visto tanta pasión como esa en el catolicismo”.

Jumu’ah

Abdullah nos invitó a jumu’ah al viernes siguiente, con una discusión para suplicar el oficio. Decidí que era una buena experiencia de aprendizaje, así que salí de mi trabajo más temprano para asistir. Cuando llegué, miré a una mujer que estaba trapeando atrás de la mezquita. Nos saludamos, y le pregunté si Abdullah había llegado. Me dijo que vendría pronto, y me preguntó de donde era yo. Le dije que nací en los EEUU, y ella dijo que es colombiana. Empezamos discutir nuestro mutuo interés en el Islam, y le pregunté cómo empezó a ser musulmana. Su hijo ha sido un musulmán por dos años, y le introdujo a la religión. “¿Por qué escogiste ser musulmana y no católica?” le pregunté. “¡Porque todos son iguales!” dijo con una sonrisa grande.

Estuve sorprendido, porque el esteriotipo básico es que las mujeres en Islam son perjudicadas y desiguales. De hecho, cuando le mencioné a un amigo colombiano que fui a la mezquita, me dijo “Esa religión es mierda. No me gusta como se trata a las mujeres”. Pero había conversas femeninas, ¿así qué es atractivo en Islam para las colombianas? En Colombia y en la mayoría de América Latina, es aceptable extraoficialmente si un hombre tiene las relaciones extramaritales o muchas novias. En conversaciones con los hombres de Colombia, me preguntan si yo rumbeo (festejo), y si he “conocido” las mujeres (mientras hacen un gesto con un puño en un mano abierto). Les digo que tengo una novia, y me dicen que eso no importa: “Cualquier Mujer que quieras”. Por el contrario, en la mezquita me preguntan cuando voy a casarme con mi novia, y nunca me animan para “conocer” a otras mujeres.

¿Que más en la cultura musulmana puede ser atractivo para las colombianas? Mucha gente dice que no es justo que las mujeres tengan que llevar más ropa que los hombres. Pero en Medellín hay una expectativa de que las mujeres llevan menos ropa que los hombres, o el material que realza su figura femenina. No solamente hay una presión obvia para mostrar su cuerpo, pero Medellín es unas de las capitales de cirugía plástica en todo de Latinoamérica. Si se camina en las calles del Poblado de la ciudad, hay una cartelera masiva con una mujer muy blanca, casi sin ropa que anuncia cirugía plástica y láser: “Cuando los hombres ven a una paisa, se enloquecen. Cuando la conocen, pierden sus corazones”. En este sentido, una alternativa musulmana provee una libertad de una cultura machista que anima deshumanización sexual y modificación antinatural de la forma femenina.

Cuando esperé por Abdullah, me senté en el suelo y leí un libro que explicaba la última décima del Corán, y más reglas en el Islam. Un hombre pakistaní se acercó a mí, y me preguntó qué estaba leyendo. Le mostré el libro, y él quería saber si yo era musulmán. Le dije que era estudiante en un sentido. “Pues, si eres estudiante, necesitas aprender el shahada!” Y no tenía ninguna idea lo que significaba, pero empezó enseñarme las palabras en árabe. Después de 15 minutos de practica recitación, le pregunté por su nombres. “¡Mehboob! ¿Y tuyo?” Le dije “Ari”. Él agachó la cabeza y dijo “No, no, no. Ahora, tu nombre es Ali, ¡como el grande compañero del profeta! Continuamos con tu clase después”. Antes tuve la oportunidad para decir algo, el sermón empezó. Había casi 30 personas en la mezquita. La gran mayoría eran colombianos, pero había pakistaníes, sirios y turcos también. Abdullah mantuvo el sermón en español, mientras aquellos otros que no hablaban la lengua se sentaron pacientemente de brazos cruzados. Después del sermón, un afro-colombiano robusto cantó la llamada a la oración. Nos organizamos parados en cuatro hileras, las cuales eran supervisadas y perfeccionadas por hombres que nos vigilaban antes de empezar la oración. Antes de eso, nunca había asistido a jumu’ah, y yo no sabía lo que se tenía que decir o cuando se inclinaba hacia abajo, pero seguí a los otros. Un hombre pakistaní guió la oración, y podía oír una cantidad sostenido de árabe por primera vez en vivo. La oración fue maravillosamente sagrada, a nivel colectivo pero en una forma personal. La oportunidad para estar parado, junto con hombres de otras nacionalidades y lenguas diferentes, creó una experiencia compartida, mientras que al mismo tiempo cada persona continuaba formando su propia conexión con Allah. Esto me hizo recordar a hajj en la autobiografía de Malcom X. Después de la oración, pusimos una estera grande y de color verde para cubrir el suelo cuando estábamos comiendo. Fue una buena oportunidad para conocer otros miembros de la comunidad. Conocí a un chico sirio – colombiano que tenía 19 años, también conocí a un vendedor de frutas y verduras, un distribuidor de ropas, otros comerciantes y estudiantes universitarios. También fue una oportunidad para tener unas vacaciones de la comida insípida de Colombia y me dí el gusto de probar la cocina pakistaní. Uno de los hombres pakistaníes notó mi entusiasmo cuando yo estaba comiendo, y me preguntó si me había gustado la comida. Le dije que me encantó, y dijo “No te culpo. No me gusta la comida colombiana. Es lo que damos a la gente enferma en mi país”.

Cuando todos terminaron, limpiamos y salimos a tomar un café. Me di cuenta que el mundo convencional en Colombia puede ser muy diferente en comparación a la mezquita, cuando salimos de ella. Adentro de la mezquita es muy tranquilo, y tiene una atmosfera sobria donde las palabras se dicen con respeto. En el exterior, sin embargo, se pueden ver colombianos que toman licor a las dos en la tarde y los vecinos compiten en todo momento por quién puede poner salsa, vallenato, merengue o reggaetón más fuerte que los otros en sus equipos de sonido. Otra característica distintiva de la mezquita es el contacto entre un hombre y otro, y adicionalmente el de una mujer a un hombre. La cultura colombiana es muy machista, en que los hombres tienen que actuar muy varoniles, y los hombres varoniles no abrazan a otros hombres; solamente se dan la mano. Pero es diferente en la mezquita. Cuando se entra, los hombres se abrazan y se sonríen. Después de mi primera y larga conversación con Mehboob, yo recibí de él un caluroso beso en el cuello cuando salí de la mezquita. Entre los amigos y conocidos, los colombianos y colombianas se besan en la mejilla para saludar y partir. Pero en la mezquita, los hombres y mujeres no se tocan, incluso si son esposos. Aún, las expresiones sentimentales en la calle entre las parejas colombianas confundieron a los pakistaníes. Un hombre pakistaní vio a una pareja que se cogieron de las manos y se besaron en la calle, y él le preguntó a un musulmán colombiano que si había una ocasión especial.

Obama!

Yo fui a la mezquita tres veces seguidas. Un día para asistir a jumu’ah, el sábado para ir a clases, y el domingo porque Mehboob me dijo fuera nuevamente a la mezquita. Durante el día repetimos el shahada, me enseño masah (estuve totalmente mojado porque me corrigió muchas veces), y después las posiciones corporales para salat. También era un traductor entre los colombianos y pakistaníes, que solamente podían decir “¡Hermano! ¡¿Cómo estás!?” Cuando terminamos nuestro te, Omar, un musulmán colombiano, les preguntó a los pakistaníes si querían ir a la casa de su cuñado por cinco minutos. Ellos dijeron que sí, pero solamente si podían llegar a tiempo para la oración.

El contraste entre los hombres que estuvieron vestidos con la ropa musulmana y la comunidad colombiana fue muy obvio. Cuando estábamos manejando a la casa del cuñado de Omar, oímos un grito: “¡Obama!” Omar se rió y dijo “Sí, a veces la gente está confundida entre Osama y Obama, ¡Ellos piensan que son de la misma familia!”. Para salir de la casa en el carro y a la vista pública, es una experiencia mucho más intensa en Colombia que en los EEUU. Los colombianos se orientan a una cultura colectiva para pasar la mayoría del tiempo afuera de la casa con los vecinos, amigos y familia, y por eso toda la gente nos miraba.

Avanzamos por un callejón, y unos niños continuaban aturdidos. Cuando llegamos a la casa del cuñado de Omar, un desfile pequeño de nueve chicos y mujeres nos miraron a través de la puerta; mientras traduje por Mehboob, él le preguntó al grupo si ellos querían ser musulmanes, una mujer contestó: “¡Yo no sé que es un musulmán!” No estuve sorprendido.

Una vez intenté mostrar en mi clase que para aprender inglés es más fácil que otras lenguas, y escribí “Corán” en árabe. Les dije a los estudiantes que significaba, y si ellos sabían de Islam o musulmanes: “Sí, son como judíos, ¿cierto?” contestó un estudiante inteligente de la clase. Solamente el 0.2% de la población está listada como musulmanes (en el 2004), y por eso no es una sorpresa si unos colombianos nunca han oído de Islam.[2]

Después de unos minutos de conversación con el cuñado de Omar, Mehboob estaba insistiendo para que saliéramos cuanto antes para rezar a tiempo; aunque Omar es musulmán, no se puede quitar la cualidad colombiana de llegar tarde constantemente. “No te preocupes, ¡llegaremos!” Cuando salimos, Omar nos preguntó que si no nos importaba ir a un lugar cerca de su suegro para decirle que viniera con nosotros. Mehboob se veía frustrado, pero dijo sí. Cuando llegamos por fin, estuvimos acompañados por el suegro, cuñado y tío de Omar. Su suegro se rió mucho y dijo que le encantaba ir a la mezquita, aunque admitió que solamente va esporádicamente. El tío de Omar fue lo más interesante; originalmente era del campo, y solamente ha vivido en Medellín solo por dos meses. Él estuvo vestido como alguien del campo, con los jeans largos y de color claro y con un bigote clásico.

Fue difícil para entablar una discusión en el grupo después la oración. Un hombre afro-colombiano habló en español, mientras que los pakistaníes, que hablaban inglés, intentaron seguirlo. El orador tenía una voz carismática y fuerte, tanto que las personas que no hablaban español movieron sus cabezas y prestaron atención. El hombre habló sobe la fuerza del Islam y que es nuestro deber construir los estereotipos de los musulmanes mientras se provee la verdad; después mencionó las percepciones occidentales sobre las mujeres en Islam: “La gente dice ‘¡Las pobrecitas! ¡Ellas tienen que cubrirlas! ¡Son oprimidas!’ Hermanos, no hay un ley en Colombia que dice que ellas tiene que cubrirlas, nuestras hermanas escogen estar cubiertas con libertad porque tienen miedo de Allah en sus corazones. ¡Ellas tienen respeto! Ellas escogen para llevar la hijab…” Después hizo una comparación entre las musulmanas colombianas y las colombianas convencionales: “Nuestras mujeres son como los carros privados: son especiales y reservadas para una persona. ¡Sus mujeres son como taxis!” Sin querer yo dije “Owwwwww” como si viera a una persona recibir un puño en la cara. Omar me vio, afirmó con la cabeza y dijo “¡Es verdad!” .

Cuando terminamos el día siguiente Mehboob y los otros pakistaníes preguntaron: “¿Quien iré a Pakistán en cuatro meses? El suegro de Omar estuvo emocionado y dijo que le gustaría ir, con su tío del campo; también me preguntaron: “Alí, ¿irás también, sí?” Les dije “Por qué no”, pero sabía que yo no iría. Aunque fue interesante para ver dos mundos, lenguas y culturas completamente diferentes confluyeron lentamente en una religión: Islam.

Johnny trae tu Corán

Cada vez vengo a la mezquita, siempre veo a Johnny Ochoa, o “Alí”, (su nombre musulmán). Alí es un colombiano alto y robusto que tiene 34 años, y comercializa ropa. Siempre me da una sonrisa grande, un fuerte apretón de manos y un abrazo grande. No fue hasta un mes después que le pregunté a Alí como se hizo un musulmán. Su viaje para convertirse es similar a muchos colombianos: la curiosidad mezclada con insatisfacción con la religión previa (usualmente catolicismo):

Fue en el departamento de Guajira, cerca de 1997. Tuve un descanso del trabajo en el segundo piso, y oí el adan, o la llamada al oración. Estuve interesado, y unos días después yo visité y conocí a un hombre llamado Tarek, un miembro de la comunidad indígena Wayúu. Me enseño mucho sobre Islam, y empecé identificarme con la religión…Se cree en una religión desde la niñez. Los padres toman a los niños de la mano camino a la iglesia, porque sus padres hicieron lo mismo con ellos. Básicamente es una tradición familiar. Empecé reflexionar sobre eso, y me pregunté sobre mis propios pensamientos de la fe, en cuanto al corto viaje que tenemos aquí en el mundo. Por eso, decidí seguir algo que me identifico, algo más personal para mí. Realmente, creo que nunca me identifique como un católico, tal vez es algo que está en mis genes. Allah sabe mejor que yo. De todas maneras, he sido un musulmán hace 11 años.

El aprendizaje de Alí es interesante, en que su primer mentor era un miembro de la cultura Wayúu (un grupo de gente indígena que vive en el noreste de Colombia y el noroccidental de Venezuela). Su experiencia es otro testimonio de la diversidad musulmana en Colombia.

Después le pregunté a Alí como el convertirse al Islam afectó la manera en que interactúa adentro de la cultura colombiana, pero específicamente su vida sentimental.

Cuando se vive en el occidente, no se puede cambiar lo que se es. Se puede disfrutar la palabra “amor” en todas sus maneras en Colombia; no hay una limitación. Pero, si yo quiero tener una relación seria con alguien, necesito ser honesto con ella y decirle lo que soy. Necesitaría seguir las reglas islámicas en mi matrimonio. Pero si yo estuviera viviendo en un país musulmán, mi vida amorosa sería dirigida por las normas allí. Esencialmente, todo es adaptación cultural. Yo nací aquí, mis padres y mis abuelos son de Colombia, y me han dado sus idiosincrasias y cultura. Soy un musulmán, pero soy colombiano también, y en Islam está prohibido discriminar las otras culturas. Necesito aprender, respetar, tolerar, y actuar como un creyente dentro de mi propia cultura.

La aprobación de Alí de su sucesión cultural y alrededores inevitable influye su vida como un musulmán, pero se siente que puede sostener su obligación espiritual sin las negaciones de su nacionalidad y las costumbres que están incluidos. Aunque él se “adapta culturalmente”, el mencionó que si se casa, aplicaría las reglas islámicas a uno de los partes más importantes de su vida. El viaje de Alí es un complemento de dos fuerzas personales fuertes en su vida, al principio con su identidad original, después su conversión musulmána y eventualmente su aprendizaje en como se puede vivir como un musulmán colombiano.

Elección

Un día después jumu’ah, le pregunté a Abdullah sobre los pakistaníes que salieron para continuar con sus viajes en todo de Suramérica. Bromeamos que algunos hicieron eructos absurdos, o carraspearon sus gargantas como un cañón. “Tengo que admitir, me parece increíble que estén dedicando demasiado tiempo afuera de sus familias por su religión”, le dije después a Abdullah; él me contestó: “Creo que ellos están en el lugar correcto para hacerlo”. Le pregunté por qué, y dijo “Hay tres cosas aquí que inclinaría la gente para aceptar el Islam: Primero, mucha gente aquí está desilusionada con la Iglesia Católica y el Papa; ¿Cómo se puede vivir en Italia, en un palacio, e intenta establecer la espiritualidad, cuando hay personas que están muriendo de hambre y violencia en Colombia? Segundo, mucha gente no cree en la Santísima Trinidad porque no lo entiende, y más no saben su invención política. Tercero, hay gente que no creen que Jesús era el dijo de Dios como el sacerdote le dijo. Unos de los pakistaníes estaban hablando de mí a su compañero, y le dijo ‘Soy musulmán porque nací en la religión, pero Abdullah es un musulmán por elección’. La gente aquí está decidiendo ser musulmanes sin fuerza ni incentivo monetario. Por eso, yo creo que Colombia está lista por Islam”.

Personalmente yo no sé si estoy listo para el Islam, pero estoy feliz que he hecho la elección para aprender la religión y conocer la comunidad musulmana en Medellín. Hay un dicho aquí: “Todo es plata”. Porque todo es dinero, y mucha gente no lo tiene, se hace cualquier cosa para obtenerlo. El robo, mendigos, ‘contribución religioso’, o para vender Tang de naranja como jugo de naranja real no es tan inusual aquí. En unas ocasiones me ha dicho para no confiar en nadie porque mucha gente ha tenido buenos amigos o familia que han robaron cosas de los mismos. Pero cuando asisto la mezquita nada es sobre el dinero. Es el tiempo que está dedicado a estudiar la espiritualidad y conectarse con otros compañeros. Nadie le pide dinero a otros miembros, nadie cobra para enseñar sobre la religión, nadie vende los libros religiosos (los dan gratis). Esencialmente, nadie discute dinero en las cosas que están usados para saber la religión y formar una conexión más fuerte con su Dios.

Aparte del placer de un santuario existencial que está libre de materialismo terminal, la oportunidad para oír unas historias diversas que demuestran los contrastes y similitudes entre culturas y la gente me ayuda a entender un país que es famoso solamente para sus drogas, violencia y realismo mágico. La religión hace comunidades, pero las comunidades inevitable ajustan sus vidas espirituales y religiosas a lo que ha sido en su propio país. Si es el reconocimiento de Abdullah que los musulmanes colombianos necesitan preocuparse sobre la violencia represiva en su propio país, o la coexistencia de Alí con su identidad colombiana y musulmana, estas personas y sus ideas son una pequeña representación de su población.

Por más información sobre la Mezquita de Medellín, por favor visite:

http://mezquitademedellin.googlepages.com/



[1] Washington Peace Center, “Rally for Colombia’s Displaced”, http://www.washingtonpeacecenter.org/node/1486 (24 April, 2009).

[2] NationMaster.com, “Colombian Religion Stats,” http://www.nationmaster.com/country/co-colombia/rel-religion (14 April, 2009).

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